martes, 10 de junio de 2014

KOMANDO PAX AVANT: MISION ISABA 2014


En 2014, seis de los mejores hombres de la Grupeta Forum que formaban un komando, fueron designados para una misión “que ni habían imaginado”. No tardaron en fugarse del pelotón en el que se encontraban recluidos. Hoy, todavía doloridos por el esfuerzo, sobreviven como cicloturistas de fortuna. Si usted tiene alguna pájara y si se los encuentra, quizá pueda ponerse a rueda… Ellos son: EL KOMANDO PAX AVANT.

Integrantes del KOMANDO PAX AVANT:

    - El Coronel John “El zorro” Smith. Este veterano de guerra recibe su apodo por sus destacadas dotes para la estrategia, preparación meticulosa de sus objetivos y estar siempre listo para el ataque. Su frase más conocida es “Sólo puede quedar uno”.

    - El Capitán Howling Wizo Murdock. Experto caza-recompensas que suele luchar solo contra el viento. Realizó misiones en otras comarcas. Está internado en una empresa de pesajes y a la hora de las marchas, sus compañeros le suelen ayudar a entrenar.

- El Teniente Templeton Atómico Peck. Es una máquina que se encarga de proveer al equipo de material de difícil consecución mediante el uso de ingeniería social. Gracias a él, sus compañeros pueden disfrutar de una rica arroz con leche de su suegra o mermelada casera de ciruela.

- El Sargento Bosco M. A. Lejías. Es el musculoso del grupo que se ha ganado su apodo por el colorido de sus piernas y por su Mala Actitud en la grupeta. Suele destrozar a sus compañeros con un ritmo machacón y persistente. A pesar de su fuerza tiene miedo a atacar, lo que le ocasiona problemas con Wizo Murdock del que desconfía siempre e insta normalmente a ir a ritmo. Su frase más conocida es “Me vais a matar”.

- El Cabo Primero Moreno. Destacado lugarteniente del coronel “El Zorro”. Preparan sus objetivos conjuntamente y a menudo hace de avanzadilla desgastando a sus rivales para que éste aseste su estocada final. Gracias a sus dotes para el camuflaje, a menudo pasa desapercibido, pero siempre está. Destacadas han sido sus misiones en Llodio y sus incursiones en el MTB.

- El Soldado Rigo. También debe su apodo al color de sus piernas y no a las cualidades para la escalada que tienen sus compatriotas los escarabajos. Se pasa las mañanas de los sábados con el culo prieto y persiguiendo al resto del komando. El capitán Wizo Murdock le suele atacar constantemente en los sitios más imprevisibles, pero Rigo no pierde la esperanza de algún día hacerle morder el polvo (cerca hemos andado).

La Misión: Pax Avant 2014

Viernes 16:30 (-13.25h Día D;Hora H)

Los integrantes de la incursión en terreno comanche sincronizan sus relojes la tarde del viernes a 200 km del Centro de Operaciones. Apenas quedan 12 horas para la Hora H del día D. Tras unos pequeños problemas de logística viajan en vehículos camuflados hasta el Centro de Operaciones situado en el Valle del Roncal. Cenan pasta y recuerdan anécdotas de misiones anteriores al amparo de una mesa que se va llenando de cervezas vacías. Fuera, llueve y truena con fuerza, como prolegómeno de la tormenta que se desatará también dentro de escasas horas.  

Sábado 06:30 (-1.45h Día D; Hora H)

El komando prepara el asalto. Dan buena cuenta del surtido de víveres traídos para la ocasión: el arroz con leche de la suegra, los cereales, las galletas con chocolate, la pechuga de pavo, el bizcocho… Cada miembro llena sus reservas con lo que más le apetece. Sorprende de sobremanera lo poco que desayunan algunos integrantes del comando para la misión tan arriesgada que tienen por delante. Cada uno conoce su cuerpo y tiene su estrategia. Todos comparten objetivo.

Sábado 08:15 (Día D; Hora H)

Da comienzo la operación que tanto hemos estado preparando. Días de frío, series, rodajes interminables, todo se tiene que notar hoy. El Coronel John “El Zorro” Smith, el Teniente Templeton Atómico Peck y el soldado Rigo ruedan en cabeza en misión de vigilancia de los enemigos más destacados.  El capitán Howling Wizo Murdock, El Sargento Bosco M. A. Lejías, y el Cabo Primero Moreno viajan en la retaguardia esperando instrucciones.

Se corona la primera pequeña dificultad montañosa y en las primeras estribaciones de la segunda -ya no tan pequeña- dificultad, se rompe la harmonía. Un grupo de intrépidos valientes pone paso firme. El Soldado Rigo pierde contacto con el grupo puntero, conoce bien el terreno porque ha luchado por estos lares en ocasiones anteriores. Sabe que cualquier esfuerzo extra se paga y consciente de sus posibilidades guarda reservas para la batalla final. El Coronel John “El Zorro” Smith y el Teniente Templeton Atómico Peck representan al komando en el grupo cabecero. Por detrás, el Capitán Howling Wizo Murdock, herido de muerte en la edición anterior, también regula. Tiene mal recuerdo. Lo describe como una de sus peores experiencias en combate y no quiere volver a pasar por semejante calvario.

Ascendiendo Issarbe, repican ya campanas de guerra y tres “combatientes enemigos” abandonan la disciplina del grupo puntero. El Coronel John “El Zorro” Smith y el Teniente Templeton Atómico Peck se miran, debaten, deliberan, y conscientes de lo que queda deciden postergar su ataque. No por mucho tiempo. El Teniente Atómico cambia el ritmo del desfile y se va sólo hacia los enemigos, todos ellos conocidos amigos de otras múltiples batallas. Primer contratiempo. El Teniente pincha en la bajada y se ve obligado a reparar la avería de su arma reglamentaria. En una impresionante maniobra de estrategia, sangre fría, y por supuesto mucha fuerza y envidiable estado de forma, da caza de nuevo al grupo de John “El Zorro” Smith. Tablas de nuevo. Por detrás, el Capitán Howling Wizo Murdock, en un juego de cambio de papeles habituales, da caza al Soldado Rigo, ambos compartirán unos cuantos kilómetros de aventura de aquí en adelante.

Comienza la primera de las dos batallas con el gran monstruo de esta misión. Suenan las primeras explosiones, y un fuego cruzado enemigo pilla de imprevisto y hiere de gravedad a nuestro Coronel “El Zorro”. Ésta ya no es su guerra. Más atrás, el Capitán Wizo y el Soldado Rigo abandonan el grupo, colaboran, y en compañía de un auténtico fenómeno (¡¡¡Olé tus huevos Guillermo!!!) hacen una subida impecable. Comparten algo más que kilómetros hasta el comienzo de la segunda batalla con el mismo monstruo, donde el Soldado Rigo se detiene para abastecerse de víveres para el tramo final.

En la retaguardia, el Cabo Primero Moreno, decide que ésta tampoco es su guerra, la batalla final le puede pasar factura en su siguiente misión, y pone rumbo al Centro de Operaciones. El Sargento Bosco M. A. Lejías con su ritmo machacón, e impasible como siempre, sigue recogiendo cadáveres. A todos, y en contra de lo que dice su apodo, les ofrece una rueda amiga para acercarles al final de la misión. Sólo tienen que aguantarle, que no es nada fácil.

De los tres de cabeza, dos son también eliminados por fuego -esta vez amigo- disparado por nuestro Teniente Templeton Atómico Peck. Fiel a su apodo no para, atómico e incombustible se lanza (si leéis bien, “se lanza” a pesar de estar subiendo) hacia la cúspide de la última cima/batalla de esta guerra. Sólo en los últimos kilómetros de este colosal puerto acusa el esfuerzo de la machada anterior, y otro guerrero que ha ido más protegido de las hostilidades acaecidas en la primera línea del frente, le lanza una bala que le roza el costado. Aún y todo, infiltrado en esta misión termina la contienda en una posición envidiable y en un tiempo inalcanzable para el resto de los mortales.

Por detrás, el coronel John “El Zorro” Smith se retuerce en cada curva, herido en su orgullo promete venganza. Primero, el Capitán Wizo Murdock y un poco después el Soldado Rigo le dan caza. Les da cuenta del parte de lesiones, comprueban su estado, está herido, le ven mala cara, pero no hay duda, saldrá adelante y seguirá ganando guerras como ha hecho hasta ahora. El Soldado Rigo, ahora sí en su papel, también da caza al Capitán Murdock a escasos 6 km para la cima. Viajan también en posiciones admirables dentro del top-ten. Aunque los dos van también heridos, ir junto a un oficial de tan alto rango –vencedor de grandes batallas- le da una motivación especial al Soldado Rigo que se va por delante hacia la cima. Sabe que es una separación temporal y que en la bajada hacia meta se volverán a encontrar. A menos de un minuto corona el Capitán que se lanza con todo lo que le queda a la búsqueda del Soldado Rigo. No lo encuentra. La velocidad le hace no reparar en la cuneta donde yacía retirada el arma del Soldado. La ha tenido que dejar abandonada y salir corriendo en busca de un árbol que le garantice un poco de intimidad para dar rienda suelta a los ruidos que se han ido generando dentro de su maltrecho estómago en los últimos kilómetros. Así, en un par de ocasiones durante la última bajada hacia meta. Sin una explicación clara (el calor, el esfuerzo, las sales, los geles,…) admite con resignación, aunque con dificultad, que el Capitán Wizo Murdock le haya vuelto a ganar la partida. Y todavía con más dificultad que su objetivo del top-ten y menos de ocho horas se le haya ido al garete cuando estaba tan cerca. ¡Qué paradoja! Tanto apretar el culo y ahora es precisamente el culo el que se afloja. Al igual que nuestro Coronel, promete venganza. Nos volveremos a ver en la misma batalla.

El Sargento Bosco M. A. Lejías, siempre leal al regimen, recoge lo que queda del Coronel John “El Zorro” Smith y lo trae de vuelta y casi entero al Centro de Operaciones. Aquí, muy cerca del collado de Ernaz, donde los vecinos de los valles de Baretous y de Roncal se reunían para la ceremonia del Tributo de las Tres Vacas, finaliza nuestra misión. Cuenta la leyenda que los alcaldes baretoneses, una vez entregadas las tres vacas, juntaban sus manos con el alcalde de Isaba que pronunciaba las palabras: Pax Avant, Pax Avant, Pax Avant. Significaba Paz en Adelante. Los integrantes del komando Pax Avant por el contrario prometen más batalla. ¡Volveremos hasta conquistarla!

lunes, 17 de marzo de 2014

NUESTRA MKV: ALGO MÁS QUE UNA SALIDA EN BICI


Es curioso, y no deja de sorprenderme a mí mismo, cómo nos motivamos los “cicloturistas” para salir a andar en bici (léase entrenar) un día sí, y al otro, si se puede también. Y escribo “cicloturista” porque ninguno de nosotros tenemos intención declarada de competir. Algunos, la minoría, porque no lo hemos hecho nunca y vemos que cualquier competición tipo Master, se nos queda grande. Otros, la mayoría, porque ya han competido bastante. Han demostrado su clase, su valentía, su raza y su coraje incluso en profesionales. Han sacrificado ya gran parte de su vida por la bicicleta, y sencillamente ahora ya no les apetece. Disfrutan andando cuando pueden, sin ningún compromiso, porque simplemente les gusta andar en bici y siguen disfrutando con ella, lo que desde mi punto de vista es admirable después de lo que habrán sufrido con el sillín entre las piernas.

En fin, a lo que iba; Todas las grupetas tienen marcado algún Día en el calendario, que por unos motivos u otros se ha convertido en una clásica. Días en los que te apetece más que en otras ocasiones estar bien y en los que te hace más ilusión dejar de rueda (ganar) a tus compañeros de grupeta. Días, para los que te has preparado de una forma especial, simplemente días. Días que los has utilizado como motivación para salir a entrenar (y hacer series) cuando menos te apetece. Y son eso simple y llanamente días. No necesitamos pensar en la Quebrantahuesos, o en ningún otra prueba, simplemente preferimos pensar en nuestro Día.


Un pequeño (y ya maduro) zorro asusta y se merienda a un joven
wizo, una especie considerada rara y en peligro de extinción.
Para nuestra grupeta, ese día llegó el pasado sábado. Siempre hacemos coincidir la Vuelta a Tirgo, en la manera de lo posible, con la Milán-San Remo. Quizás por eso, hasta le llamamos la Milán-Kutxo-Vitoria. Sin duda no es el recorrido lo que le ha dado la trascendencia de “clásica”, si no el viento que en muchas ocasiones nos ha hecho que nos comportemos como auténticos “borricos”. Pero sobre todo las ganas e ilusión con la que nosotros nos la tomamos: Vamos al masajista una semana antes a “soltar” la musculatura, cenamos pasta, preparamos los botellines la noche anterior, nos levantamos más pronto para hacer bien la digestión del desayuno, salimos antes a calentar, estamos nerviosos la noche anterior y esa misma mañana, y todas esas cosas que algunos tuvieron la suerte de poder hacer cuando competían y otros hemos oído que hacían y siempre nos ha dado algo de envidia…

Salimos rápido ya de salida, pero la grupeta no se rompe, ya está partida antes de empezar. Cada uno sale cuando quiere para ahorrase el calentón inicial y hay un montón de grupillos desperdigados por el recorrido que se irán juntando a medida que trascurra la mañana. Vamos rápido todo el rato, cuando no es uno quien tira, es otro. Nos hacemos sufrir unos a otros, pero a diferencia de otros años, en ningún momento hacemos el “borrico”. Vamos con educación y respeto por la carretera (que esto sea la novedad es triste) y llegamos a las dos subidas finales con las piernas bien cargadas. Como si fuese nuestro Tour particular, comentamos que será el momento donde se vea si los entrenos del invierno, o nuestra planificación de la temporada, ha sido la correcta o deberemos cambiar algo para el año que viene.

Ataques y más ataques, incluso cuando las piernas te están diciendo que ya no hay más, un sprint final entre dos figuras, un “abuelo” y un “aspirante”,  que por la clase que han tenido y tienen,  las ganas, rabia, ilusión y coraje, nada tiene que envidiar a un final disputado a dos en cualquiera de las clásicas de la Árdenas Belgas. ¡Cómo os admiro (y qué envidia me dais)! Por detrás, también a cara de perro. En otras ocasiones, incluso subiendo el mismo puerto, cuando te has quedado de la cabeza, levantas el pie y esperas, hoy no. Se mira para atrás y se defiende a muerte cada puesto.

Ya arriba, tiempo para comentar las impresiones. La jornada ha dado mucho juego, ha mantenido caliente el whatsapp toda la semana y lo mantendrá por unos días más. Pero sobre todo: ¡HEMOS DISFRUTADO! Para mí es un honor poder andar en bici con gente que ha llegado donde lo habéis hecho vosotros. Seguiré entrenando para ver si os puedo hacer sufrir un poco más el año que viene. ¡Hasta la próxima!

¡No era una cabra, que era un carnero!

miércoles, 10 de julio de 2013

PAX AVANT 2013: Un paseo por las nubes


Orbea había preparado con mucho mimo esta cita. Se notaba en cada detalle. Incluso antes de empezar. El hecho de posponer la cita, volver a abrir las inscripciones, y sobre todo, devolver el dinero a todos los que se habían inscrito inicialmente, es un detalle, que hoy en día con los tiempos que corren es difícil de ver. Esto demostraba una vez más que Orbea, a diferencia de otras pruebas cicloturistas de más reconocido prestigio (por ahora), no organizaban esta su fiesta, para inflar sus arcas, si no como un elemento más de buen marketing para disfrute de todos los amantes del mundo de la bicicleta.

Oiremos de todo sobre la dureza del recorrido, incluso barbaridades, pero lo cierto es que el recorrido y los perfiles estaban publicados con mucha anterioridad y quién más quién menos, ya conocía la dureza de cada uno de los puertos, aunque es cierto que por separado y en diferentes pruebas. Por lo tanto, cada uno tiene que ser consciente de sus limitaciones, y sobre todo de la preparación necesaria para abordar una jornada de dureza extrema como la que prometía Orbea. Por mi parte, nada que objetar en ese aspecto. Un recorrido increíble, fascinante, con puertos interminables de rampas que desafían la ley de la gravedad. Todo ello aderezado con un día de sol espléndido de los que ya creíamos que no existían por estas latitudes.

El día comienza pronto para nosotros; Recogida de dorsales a las 06:30 y desayuno apresurado, pues el hotel, en un detalle claramente mejorable, dado que la mayoría de sus huéspedes participaban en la prueba, abre el restaurante a las 07:00, cuando la salida de la prueba larga es a las 08:00. Así que salimos con la tortilla en la garganta y el estómago todavía procesando los cereales y pastelitos que sólo pudimos degustar los que estábamos a las puertas a las 06:59, pues se agotaron demasiado pronto. ¡Nocilla! ¡Siempre se olvidan la Nocilla!

En fin, se corona Laza sin mayor novedad, y se empieza a subir Larrau. El ritmo se vuelve exigente, y un kilómetro antes de coronar ya me doy cuenta que a diferencia de otras marchas, ésta no va a consistir en hacer mejor tiempo que tus compañeros de grupeta (que también) si no en una lucha contigo mismo, donde tu capacidad de sufrimiento, motivación personal y mentalidad, van a ser la herramienta imprescindible para solamente acabar la prueba. Volveremos a esto más tarde, pero nunca sobre la bici había tenido estas sensaciones de poner el cuerpo al límite. Solo comparables a lo que he sentido en los últimos kilómetros de las dos maratones que he finalizado.

Larrau se baja muy rápido, así que mis esperanzas de recuperar los 40 segundos perdidos con el grupo cabecero se desvanecen muy rápido. Al revés, no me encuentro nada seguro, y entre las sombras, la miopía, los desniveles y el estado de la carretera, decido que queda mucho verano por delante, y además, con rozaduras de asfalto por el cuerpo no se duerme nada bien. Como en todas las pruebas, cada uno arriesga lo que quiere, pierdo muchos puestos en las bajadas, pero mi estrategia para la “supervivencia” ya está clara: Recuperar en las bajadas y a mi ritmo en las subidas. El ritmo endiablado de cabeza se va cobrando las primeras víctimas y en las cunetas se van hospedando inquilinos que sin reserva previa ocupan plaza, en muchos casos llevándose la mano al hombro, mal presagio.

Empieza Bagargi, tras unos pocos kilómetros de aclimatación, las rampas se hacen verticales e infinitas. El 34x27 que había montado “por si acaso”, se convierte en mi mejor aliado. Subo la mayor parte de este impresionante puerto con él, y poco a poco voy recuperando las posiciones que perdí en la bajada. Aunque todavía es pronto, el esfuerzo para derrotar a este coloso se hace notar, el calor empieza a apretar y el cansancio empieza a aflorar, pero en vez de pensar en lo que queda, hago la tercera cruz de victoria en el itinerario: uno menos. Si la bajada de Larrau era peligrosa, no tengo palabras para describir ésta, carretera estrecha, llena de baches y con canales de agua que parten la carretera (y alguna llanta).

Tras un pequeño descanso, empieza Issarbe. La señalización intenta también minarte la moral, tras ya casi tres horas de pedales, un cartel de 125km a meta no ayuda mucho, pero yo prefiero pensar en lo que sentiré cuando ese “1” desaparezca del cartel, estará casi hecho. La verdad es que no debo ir mal, porque apenas recuerdo la subida a Issarbe, me pongo un desarrollo ligero, empiezo a pensar en otras cosas, y el hecho de ir cogiendo a gente me motiva para no hacer caso a las señales que van enviando las piernas. Recuerdo ya a gente tumbada a la sombra recuperando y refrescándose en las aguas que caen por la ladera. Apenas coronar encuentro el primer avituallamiento en el que decido parar, y veo lo que me perdí por no parar en el de Bagargi. A las típicas cosas que te encuentras en otras marchas, aquí puedes encontrar un buen surtido de frutas frescas, frutos secos, pasteles de diferentes clases, bebidas isotónicas e incluso te sirven pasta recién hecha. Sólo echo de menos una coca-cola. Como dice nuestro amigo “Eneas”, una buena marcha para engordar, aunque dudo que aquí lo consigas. De nuevo un 10 para la organización. A los múltiples avituallamientos se unen un buen puñado de voluntarios que en diferentes coches suben y bajan sin descanso cada uno de los puertos, repartiendo continuamente botellines de agua a quién lo solicite. Incluso han ido dejando grandes bidones por las subidas para que nos sirviésemos nosotros mismos. ¡Qué tomen nota!

Pero a lo que vamos, otra cruz más en el itinerario y ya sólo quedan dos (o tres). El col de Lie, es una pequeña emboscada que a estas alturas se convierte casi en otro coloso. Un poco más de sufrimiento y otra cruz en el camino. Gel arriba y a recuperar para el último. Enseguida empieza el col de Labays con unos 2 primeros kilómetros terroríficos que no bajan del 9%. Los franceses, que tienen muy bien explotado el turismo cicloturista por esta zona, tienen marcado cada kilómetro de puerto. Faltan 16km para coronar y mi única motivación ahora para seguir es ver cuál es el porcentaje medio del siguiente kilómetro: Si es menos de 7% (que es raro) me pongo contento, si pasa de 9% (que es lo normal) me cago hasta en el bandido Fendetestas, que no tiene la culpa de que yo haya decidido venir, pero ayuda a liberar tensión. Y si está entre el 7 y el 9, pues hasta me da igual….

Pasan los kilómetros, y en contra de lo que yo pienso no debo ir mal, pues sigo pasando gente. Entre el 24 y el 27, a ratos, me noto cómodo, voy suelto, y los calambres que tanta guerra me suelen dar, no han hecho acto de presencia, así que “parriba”. Cuando faltan 5 km, esos presagios que siempre tenemos se hacen realidad e incomprensiblemente tras 11km de subida pincho la rueda de atrás. Tras la desilusión inicial, pues veo que hacer menos de 8 horas se va a hacer ya muy difícil, me relajo y cambio la cámara con tranquilidad. Me pasan algunos compañeros que amablemente me ofrecen su ayuda, pero me sobrecoge de sobremanera un amable trotamundos que se para, y aunque yo le digo que siga, que me las arreglo sólo pues ya casi he acabado, me recoge la cámara vieja y los desmontables y me los mete en el maillot mientras yo hincho la rueda. ¡¡¡¡MUCHAS GRACIAS COMPAÑERO!!!!

En fin, me rehago del incidente, vuelvo a coger ritmo, miro el reloj y me digo a mi mismo que todavía es posible, si llego antes de las 15:20 arriba, estará hecho. El descansito me ha venido hasta bien. Parece que llevo un ritmo más ligero y no tardo en adelantar a todos los que me habían pasado mientras cambiaba la rueda. De repente, otra vez la misma sensación de ir pegado a la carretera. ¡He vuelto a pinchar la misma rueda!, y ahora sí que la he liado pues no tengo más cámaras de repuesto. Una voluntaria aguadora, de esas que suben y bajan, me dice que a 4km hay avituallamiento, ¡con servicio técnico! Que a ver si puedo llegar y que me cambian ellos la rueda. Nunca había visto nada así en una prueba, así que eso me motiva para volver a dar aire e intentar llegar. Apenas aguanto 500m y me quedo sin aire. Repito la operación tres veces, y tras un ligero hartazgo subo los dos últimos kms sin aire (en la rueda tampoco). Llego al avituallamiento, y eso es como el paraíso: Un compañero les había avisado y estaban a punto de salir en misión de localización y ayuda. Me reciben con el mismo entusiasmo que mis niños al volver de un viaje de trabajo: Uno me coge la bici, otra me llena los botellines, otra me dice que coma y me da la bandeja de pasteles… Así que mientras el mecánico me cambia y me hincha la rueda, yo me hincho a pastelitos de manzana, sé que no los necesito porque me queda poco, pero ¡me apetece!

Todo arreglado, y por supuesto que agradecidísimo a toda la organización pero en particular a ese puesto en el alto de Labays, sigo para arriba. Sí, ¡para arriba! Tras coronar un puerto de 16km con una pendiente media de casi el 9%, ¡No se baja nada! ¡Comienza el puerto de la Piedra de San Martín! Es cierto que ya no es tan duro, pero quedan 5km hasta la estación y 8 hasta la cima. En esos falsos llanos, tras semejante esfuerzo, es un error relajar la musculatura, y varios compañeros parece que se han quedado sin batería y conectan los móviles a las piernas para sacar provecho de los dichosos calambres. Yo, para evitarlo, como he descansado un poco, y los pastelitos de manzana me han dado fuerzas, pongo plato y no lo quito hasta que quedan 2km y las rampas se vuelven a hacer fuertes. Nunca había visto en una prueba tanta gente andando con la bici al lado (y me imagino que serán de la corta, pues de la larga no me han pasado tantos). Esto da otra idea de la dureza de la prueba.

Corono la Piedra de San Martín, y ahora ya sí que está todo hecho. Me relajo, y la pendiente favorable y el viento a favor me llevan de vuelta a Isaba. Ocho horas y media sobre la bici. Estoy como muerto, pero un poco peor. Sin embargo, he disfrutado minuto a minuto (buenos algunos no tanto). Me reencuentro con mi amigo Wizo, del que en un avituallamiento había oído que iba dando guerra en el grupo de los elegidos y haciendo sufrir a los que iban disputando. Me lo esperaba de él. Me cuenta que ha sufrido uno de sus “wizazos” y que en el último puerto ha tenido que parar y comerse media producción anual de naranjas de Valencia para recuperar (pero en el avituallamiento todavía quedaban más). Aún y todo ha sido uno de los 18 elegidos que ha conseguido bajar de las 8 horas. Nos empezamos a contar nuestras andanzas y sentimientos, y poco a poco el “¡nunca más!” de nada más acabar, se va convirtiendo en un “quizás volvamos el año siguiente”.

Una experiencia extraordinaria, con una organización inmejorable, en el que el único punto negro lo hemos vuelto a poner los cicloturistas (otra vez): Me dolía el alma ver unos parajes por los que pasan tres coches al día, llenos de botellas de plástico vacías y envoltorios de geles y barritas tirados por el suelo. ¡Cuando aprenderemos a guardarlos en el maillot y tirarlos en un contenedor en el próximo avituallamiento o en la meta! De verdad que no pesan tanto y que no afectan al tiempo total.

domingo, 5 de diciembre de 2010

MARATÓN DE DONOSTI-2010: Otra de Pinchazos

Normalmente, hacer las crónicas de los eventos deportivos en los que participo, es algo que apenas me cuesta, es más, disfruto haciéndolo. Pero en el caso de la maratón de Donostia de este año, es algo que he ido posponiendo -quizás inconscientemente- por no volver a recordar la experiencia, ya que como bien se dice, “recordar es volver a vivir”. Ahora que las heridas están más o menos curadas, no queda otra que “volver a vivirlo”.

Había entrenado bien, con muchos días largos pasando las dos horas, para evitar la sensación de vacío de hace dos años. Las series iban saliendo bien, y todo indicaba que con un día medianamente bueno podría, por fín, bajar de las tres horas (tampoco era mucho pedir). Sin embargo, los pinchazos que había empezado a sentir en los gemelos (los de las piernas, porque los otros también se quejan) en las últimas dos semanas, no eran –sin duda alguna- un buen preludio. La última semana, mis peores pesadillas se hicieron realidad; y en una salida ligera, uno de los gemelos (de las piernas) se plantó, empezó a chillar y dijo que no quería seguir. A través de mi buen amigo Mikel, consigo una cita de urgencia con uno de esos profesionales que hacen milagros con sus manos. Su nombre Iker Sarabia de Arrasate. A parte de correr los maratones por debajo de 2:45 tiene magia en sus manos. Me hace sufrir, me “electrifica” la pierna y me dice que descanse hasta el día D, tan sólo una sola leve sesión el día D-1. No hay mejor cosa que escuchar lo que uno quiere oír. Así que confíado y a por todas….

Madrugón el domingo con Javi, otro figura que además de quedar entre los diez primeros en los tres grandes y numerosos ultramaratones de montaña, corre los de asfalto por debajo de 2:45. Llegamos un poco justos a la salida, pues las tripas de todos los atletas se mueven por igual y está difícil conseguir número…. Nos ponemos cada uno en nuestro sitio, y llega sin duda el mejor momento del día: “Highway to Hell” sonando a toda caña por los altavoces, con un speaker entregado que nos hace cantar al unísono la cuenta atrás. Los pelos se ponen de punta, sin duda la dosis de adrenalina necesaria para salir caliente.

Los primeros kilómetros se me hacen muy duros, y hasta el 8 no me encuentro nada bien. Los nervios quizás se me han enganchado al estómago, y nos los he “soltado” del todo. Parece que las sensaciones mejoran y empiezo a ir a gusto, muy a gusto a partir del 10. En un grupo pequeño y recortándole a la liebre de las 3 horas que antes tuve que dejar marchar. ¡Pero qué poco dura la alegría en casa del pobre! En el 18, el primer cosquilleo en el mismo gemelo de la semana anterior. ¡Con todo lo que queda! No tengo más remedio que bajar el ritmo y dejar marchar al grupo en el que iba. Los fantasmas de la última vez, cuando me pasé casi la mitad de la carrera sufriendo, galopan de nuevo por mi cabeza. Me digo que esta vez no, que al pasar por el Estadio me meto en la ducha. En el fondo creo que ni yo mismo me lo creo…. Las molestias no van a más, gano un poco de confianza y aumento ligeramente el ritmo al paso por el 23. Pero ahora es el otro gemelo (para algo tenemos dos) el que empieza a quejarse muy en serio. Porque ya había tenido una rotura de fibras hace años y sé lo que duele, que si no, juraría que me había vuelto a pasar. Sufriendo más de lo deseable (y aconsejable) me planto en el 30, ahora ya no puedo parar. ¡Qué error! Medio cojeando, el pulsómetro me va marcando 4:30 por km, lo que me hace pensar que a pesar de lejos de mi ritmo planeado, no voy tan mal y que el dolor se puede aguantar….En el 36, el dolor es insoportable, pero me hago pensar que ahora ya es psicológico. Que es debido a los km y al desgaste, que ya nos duele a todos por igual, y que ahora ya, parar, deja de ser una opción. Llego al estadio y doy toda la vuelta con otro “pobre” que lleva el mismo ritmo lento que yo…..Entro en meta soplando, y enseguida me doy cuenta que no es el desgaste. Apenas puedo andar y me cuesta un horror llegar a las duchas. Ya no importa, he acabado dos de dos y el tiempo ya no me parece tan importante. Ahora en frío, tengo claro que en esas condiciones no merece la pena acabar, que habrá más ocasiones.

Tras unos días, y tumbado de nuevo en la sala de los milagros de Iker, escuchamos el parte de guerra y analizamos las causas de la debacle: Probablemente me pasé de kms las últimas semanas y me provocó una pequeña sobrecarga en el gemelo izquierdo. Al sentir los primeros cosquilleos el día de la carrera, inconscientemente traté de protegerlo y cambié de pisada. Esto provocó que el derecho no soportase tanta presión, se hinchó y se salió de su “bolsa”. Todavía tengo una inflamación que hace que esa pierna se parezca un poco –solo un poco- a la de Djamolidine Abdoujaparov, incluso con un pequeño hematoma por la parte anterior. Sorprendetemente, la izquierda está bien.

Una semana después todavía no he corrido, pero ya no tengo molestias, así que habrá que volver a calzarse las albarcas y volver poco a poco al tajo. A pesar de volver a decir que nunca jamás, Iker con sus palabras –no sólo tiene manos mágicas- me ha vuelto a llenar de confianza. ¡Qué se prepare Nueva York! Que todavía no está todo dicho….

jueves, 9 de septiembre de 2010

LARRA-LARRAU 2010: Un día “electrizante”

Calambres, ¡qué forma más amarga de acabar un día tan bonito! ¡Qué horrible sensación de querer y no poder!

El día comienza pronto, muy pronto. Apenas son las 5 de la mañana cuando el despertador hace temblar mi mesilla. Sorprendentemente, hoy no me cuesta tanto como ayer levantarme…. Hemos decidido no ir a dormir a Isaba y pegarnos el madrugón. A las 6 he quedado con Jon (que gran compañero) en Alsasua. Así que es hora de ponerse en marcha. Por el camino, se nos empieza a bloquear la garganta, y es que el termómetro del coche llegar a marcar 3 míseros grados llegando a Isaba. Caprichos de estos dichosos microclimas. A la hora de la salida, los termómetros ya marcan 6, menos mal. El olor al masaje, la actitud de la gente, el café del polideportivo, todo hace que sólo tengas ganas de empezar a dar pedales.

A las 9 en punto se da la salida, y como casi siempre, se sale rápido. Ya en la primera cuesta se notan las “patas de palo”. La temporada toca a su fin, los kilómetros se van notando, y las piernas notan el esfuerzo de estar ya compaginando kilómetros de asfalto sobre la bici y enfundado en las zapatillas de “pateo”. A los pocos kilómetros de empezar a subir Belagua, Jon comenta que va a levantar un poco el pie, que la prueba es larga. Yo ya pensaba que nunca me lo iba a decir y me iba a llevar sufriendo desde tan temprano. Suavizamos un poco y nos metemos en un grupillo majo. Las vistas son impresionantes y conviene disfrutarlas. Sin apenas darme cuenta e impulsado por la magia de estos incomparables parajes, me voy un poco para adelante y coronamos el primer “colosillo”. En la bajada nos agrupamos, y en seguida nos chocamos –literalmente- con el primer muro de Isarbe. Jon va monitorizando todos los porcentajes. Isarbe marca picos del 15% -que no los marcará Larrau- y en incontables ocasiones pica 11-12% por casi kilómetros enteros. Terriblemente duro.

En una zona dura, intento engranar el 27 –mi bala de reserva, mi as en la manga- pero la cadena se va incomprensiblemente a los radios. Lo había usado en Agosto en mis excursiones a la Sierra del Áramo –más conocido como Angliru- y picos de Europa –Lagos- y todo iba bien. Me cago en todo, me da tiempo justo a sacar el pie y no caer a plomo, me ensució las manos y consigo arreglar pronto el sobresalto. Algunos compis apelan a la destreza de Andy Schleck al pasar. No puedo más que reírme de la situación. Poco a poco, vuelvo a coger el ritmo y llegar al grupillo con el que iba, ¿pagaré el esfuerzo? ¡Seguramente!. Arriba, coca-colita y meadita en el avituallamiento y al tajo.

Llega Larrau, nunca había subido desde tan abajo. En la Irati se sube desde el pueblo y te ahorras los primeros kilómetros que son de los que quitan el ánimo. Jon me “anima” cantando los porcentajes, 12, 13, 11. En el más duro, intento sacar otra vez mi as de la manga, sí, el 27, el que pensaba que no utilizaría, y la cadena otra vez a los radios. ¡Vaya marrón! Esta vez nos cuesta bastante más sacarla (la cadena de los radios). Perdemos bastante tiempo y la cremallera de un chubasquero. Jon, al puro estilo MacGyver, intenta regularme bien el cambio… En el avituallamiento del pueblo lo vuelve a intentar con un cuchillo prestado, así que entre su saber quéhacer y un poco de pericia consigo que no se vuelva a salir. Ahora él va bastante más suelto que yo –me empieza a pesar Isarbe- y le digo que se vaya para adelante. Le noto mucho más fresco, ha regulado perfectamente, y en estos puertos tan duros lo mejor es subir cada cual a su ritmo y encomendarse a la Santísima Trinidad para no acabar tumbado en la cuneta como se ven a unos cuantos…. Larrau y yo no somos nada amigos, no nos llevamos nada bien. La última vez me hizo sufrir mucho, llegué al final un poco acalambrado y con un dolor de riñones que me duró una semana. Esta vez subo más suelto, por desarrollo no iba a ser -34x27-, y me estoy quitando el mal sabor de boca de la última vez. ¡Qué ganas tenía de quitar ese mal recuerdo! Corono la interminable primera parte, se pasa el collado y empiezan los 2 últimos kilómetros. Mis peores preludios se hacen realidad y una ligera descarga me recoge toda la pierna, desde el muslo hasta el tobillo. Los fantasmas de la última vez me golpean de nuevo. Me pongo de pie, intento seguir, pero algún desequilibrado ha debido conectar una fuente de alto voltaje a mis pedales. No se me erizan los pelos de las piernas, pero todos los demás sí. Tengo que parar, sacudirme con el puño todo lo fuerte que puedo en ambos muslos, estirar e intentar seguir. Parece que sobreviviré, pero al kilómetro, alguien vuelve a encender el interruptor del voltaje. De vuelta a empezar el ciclo. A la mínima velocidad posible para no caerme hago lo que queda de subida. No lo entiendo, he entrenado mucho, con salidas largas y duras, y en toda la temporada no había tenido calambres. También es cierto que entre bodas, comuniones y demás compromisos, este año no había podido “disputar” ninguna prueba…. Hoy Larrau me ha vencido; la última vez habíamos empatado a los puntos, pero hoy me ha knockeado: Larrau 1-Roberto 1, pero esto no quedará así….Arriba está Jon, que en una lección de compañerismo y caballerosidad me está esperando, ¡qué gran tipo! Le habrá dado tiempo hasta leer el periódico…. Le cuento lo sucedido, me pone a su rueda y me lleva en carroza hasta Isaba. Por un momento me creo jefe de filas, eso sí, con mucha “chispa”….

Al final "piedra de oro" para los dos, pero con la sensación de poder haber bajado el tiempo en al menos 15-20 minutos. Jon se encarga de recordarme que ya no somos chavales, que el tiempo pasa y que lo importante es disfrutar… “Sí, pero…” me revolotea por la cabeza… Porque también es cierto que ese pequeño afán de superación, ese pequeño pique con el cronómetro, ese pequeño resquicio de competitividad -aunque sea contigo mismo- es lo que te ayuda a motivarte y salir en bici un día sí y al siguiente, si puedes, también. Le doy las gracias por su inconmensurable ayuda, nos abrazamos y nos “retamos” para una siguiente ocasión, si es posible con un tercer integrante de expedición con el que comparto apellido. Eso sí, en ese caso, ambos tenemos claro que bailaremos a distintos ritmos, y es que lo nuestro ya no es el reggeaton…

sábado, 20 de marzo de 2010

GRUPETA FORUM. Vuelta a Tirgo: Viento, viento y más viento.

Todavía no entiendo muy bien, por qué a esta vuelta se le llama en la Grupeta la Milán-Kutxo-Vitoria, pero lo cierto es que es uno de los recorridos que más se comentan, y también, sí, por qué no decirlo, uno de los días en los más riesgos tomamos.
Este año, que por “casualidad” coincidía con la auténtica Milán-San Remo, no iba a ser menos, ya que el Dios Eolo nos había dejado bien claro desde el mismo principio que iba a soplar como en pocas ocasiones. La vuelta empieza tranquila, demasiado tranquila, cómo últimamente viene siendo habitual, pero en este caso se ve claramente que nadie quiere gastar ni un gramo de más. Así que si en un día normal hay pocos voluntarios para tirar del carro, hoy es un escaqueo continuo, y son dos de las locomotoras más habituales las que se van tragando todo el aire.
Una especie de Fórmula 1 disfrazado de tractor nos adelanta camino de Berantevilla, y rompe la armonía de los tiradores oficiales. Aprovechando el bendito rebufo alguno viaja en butaca durante unos kilómetros, y ¡hasta luego Lucas! Cómo no paren ya nos les vemos el pelo….
Después de pasar Miranda, se empieza a subir un puerto cuyo nombre nunca quiero acordarme, y si por si todavía teníamos alguna duda (que ya no la teníamos), el viento nos obliga a desempolvar las coronas grandes. Con más pena que gloria se llega arriba, se gira un poquito a la izquierda, el viento entra de costado, y como todos los años: ¡Maricón el último!
Para mí la situación no es agradable, y sólo al capitán "Murgoso" que había mostrado pronto sus cartas apareciendo con piernas de guerra -y a algún otro-, se les ve en su salsa con una más que delatante sonrisa picaresca. Aunque pronto nos quedamos un grupo pequeño, seguimos haciendo el animal, con situaciones que al recordarlas tranquilamente en casa, hacen que se me revuelva el estómago. No todos tenemos el mismo dominio de la bici, ocupamos en ocasiones los dos carriles, y el mínimo descuido es suficiente para liarla bien gorda. Pero en lo puramente “deportivo”, Álex, que se ha dado la vuelta para venir a divertirse por detrás, aprieta la tuerca un poquito más (y eso que sólo hace spinning…., ¡menos mal!) en el grupito bien avenido en el que íbamos. Sale también Alfredo, que cada día va mejor, y yo un poquito más tarde. Lo doy todo para llegar a su rueda, y cuando llego, lo lógico, aguanto un minuto y mis piernas dicen basta. Espero al grupeto de atrás donde Manu (por él que no pasan los años) viene poniendo orden. Gracias a sus inagotables triquiñuelas (no sólo hay zorros por delante) nos lleva hasta los primeros en Casalareina.
Creíamos que a partir de aquí, las aguas volverían a su cauce, pero Aitor ha cogido la bici con demasiadas ganas y no deja de torturarnos una y otra vez (y eso que es el segundo día que coge la bici…) Llegamos a Kutxo totalmente rotos, bueno no generalizaré, llego a Kutxo totalmente roto, y nada más empezar se desata la caja de Pandora que no dejará de tronar hasta coronar Zaldiaran. Paradójicamente, adelante los que apenas han andado, y por detrás todo un rosario, habrá que dejar de entrenar….
Bajando ya tranquilamente hacia Vitoria, se empieza a pasar el parte de guerra, con los ojos ensangrentados y las piernas no obedeciendo las órdenes que llegan del cerebro, algunos todavía quieren más y alargan la excursión. No comprendo muy bien de dónde puede venir esa satisfacción que siento al llegar a casa completamente fundido; he disfrutado, me lo he pasado bien, pero ya en frío pienso que lo mejor sería quitar esta vuelta del calendario.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Pedro Delgado 2009. De como una bonita marcha cicloturista se convierte en un lamentable espectaculo

Viernes, 4 de Septiembre de 2009



Bueno, pues nada. Mi hermano se ha decidido a crear este blog donde os intentaremos contar nuestras vivencias dentro de este mundillo. Si habeis leido su cronica de la subida que hizo este verano al Angliru, os dareis cuenta que se le da mucho mejor que a mi esto de los relatos, pero bueno ya iremos aprendiendo.



Y para empezar me apetece contaros mi desagradable experiencia en la Marcha Cicloturista Pedro Delgado de este año.









Todos los años vamos la familia a Segovia, pero éste, mi mujer decidio quedarse con Aitor en casa para no sacarle de la rutina de siestas y demás, asi que decidimos ir mi hermano y yo solos.

Llegamos a Segovia el sábado a primera hora de la tarde. Fuimos al polideportivo a recojer dorsales y ver el ambientillo, que es lo mas bonito. Vuelta al hotel, ducha y a descansar un ratillo. Mas tarde el tipico paseo por Segovia para tomar una cerveza en sus extraordinarias terrazas y ver a casi todos los participantes haciendo algo parecido.


Tengo muy buenas experiencias de esta marcha. Siempre he disfrutado mucho de su recorrido y ambiente. Habré participado en unas diez ediciones, teniendo la suerte de haber llegado el primero en más de una ocasión. La que mejores recuerdos me trae fue en 2007, donde mi compañero de equipo Felix Valcarcel y yo nos quedamos solos ya en Navacerrada y fuimos capaces de hacer todo el recorrido en solitario y llegar los primeros. Fue realmente bonito.

En 2008 tambien fue muy especial. Mi compañero Javi Minguez se encontraba en la UCI, despues de haber sufrido un grave atropello mientras entrenaba y se estaba debatiendo entre la vida y la muerte. Pude llegar el primero nuevamente, con lágrimas en los ojos, acordandome de el y de su familia y le pude dedicar la victoria. Perico se portó fenomenal y me firmo un maillot para regalarselo.

Al final todo ha salido bien. Javi se está recuperando fenomenalmente y ya ha dado sus primeras pedaladas de nuevo.


Pero bueno, vamos al tema. Esta edicion de 2009 se presentaba para mi como un reto, pues no sabia si iba a ser capaz de llegar el primero de nuevo. Tenía mis dudas, pues ha sido un año un poquito complicado para mi. Me operaron en invierno y me ha costado mas de la cuenta sentirme a gusto en la bici de nuevo, pero bueno, gracias al apoyo de mi familia he ido tirando p´alante.


En la salida, las sensaciones no son malas. Tampoco geniales como estos años atras, pero aceptables. Hace calor desde primera hora. Record de participantes, casi 1800. Ya en Navacerrada me doy cuenta del nivel. Muchos aficionados, algun pro, los master que ya nos conocemos y cicloturistas de muy buen nivel. Subimos a buen ritmo y ya se selecciona el grupito aunque no mucho. En la bajada reagrupamiento de unas 100 unidades. En Morcuera mas de lo mismo. Ritmo alto, se selecciona el grupito y el posterior reagrupamiento. Ya empiezo a notar algo diferente en la gente. Todo el mundo se desentiende, nadie quiere dar la cara y colaborar a llevar un ritmo para que sea todo mas facil. Yo sigo a lo mio, tirando lo que puedo, hasto que me harto de ser siempre el tonto de turno y me relajo en el gran grupo hasta el ultimo puerto. Ningun año hemos llegado tanta gente al ultimo puerto.
En Navafria me decido a apretar a tope. Me propongo hacer un test y me da igual quien me siga. Nos quedamos solamente 4 , creo que un par de amateurs, otro cicloturista valenciano y yo. Coronamos con bastante diferencia y nos entendemos muy bien entre los cuatro. Me da la impresion que somos quienes llegaremos a Segovia...... iluso de mi. Dos profesionales, uno del Caisse y otro del Fuji, traen a rueda a un grupito hasta cogernos. Luego se paran y se ponen a rueda.... Creo que se estan riendo de nosotros, los cicloturistas. Me ahorro mi opinion sobre su actitud, lo dejo para cada uno...
A esto le unimos gente que no le he visto en toda la marcha y ahora van fortisimos, con el coche de equipo al lado.... adivinar vosotros como han llegado hasta aqui.....
Total, que nos plantamos a falta de 20 kilometros un grupito de unos 10 corredores. Ahi empieza la fiesta. Los que han venido a rueda de los magnificos pros empiezan a arrancar. Se marchan dos corredores. Nadie quiere pasar para llevar un ritmillo. Tiro yo casi todo el rato. Los dos "Corredor" que han aparecido a ultima hora dicen que van mal.... Llegamos a La Granja. Arranca otro. Se va solo. Yo sigo a mi ritmo con todos estos a rueda. Cuando cojemos la carretera a Segovia y con el trafico abierto, otro corredor va y arranca por el arcen izquierdo con los coches de frente. Yo estoy flipando, siento verguenza ajena. Tanto la organizacion como la guardia civil no dan credito a lo que estan viendo. Yo me relajo, sigo por el arcen derecho sin importarme nada mas.
En la ultima rotonda antes de entrar al polideportivo arrancan los dos "Corredor" que aparecieron de la nada y que iban tan mal. En 200 mts, nos sacan casi medio minuto.
Al final llegaron los 2 solos que arrancaron antes de la Granja. Tercero hizo Sevillano, que arranco despues de la Granja. Cuarto y quinto los que aparecieron de la nada. Sexto uno de los que habia coronado Navafria conmigo y que flipaba tambien... Septimo hice yo y octavo el otro que habia coronado con nosotros.
En fin, creo que sobran las palabras. Es el primer año que me marcho de Segovia con un sabor agridulce. Espero olvidarlo pronto y volver a disfrutar.